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¿Y si avanzamos hacia un aula inclusiva?

¿Y si avanzamos hacia un aula inclusiva?

Por: Ignacia Riquelme y Sol Mansilla, Educadoras Diferenciales – Asesoras Educativas Educación 360°.

En los últimos años ha aumentado considerablemente el diagnóstico de personas en el espectro del autismo, hace a lo menos siete u ocho años atrás las familias recibían el diagnóstico al momento en que se iniciaba la escolarización de su hijo/a, afortunadamente esta situación ha cambiado, lo que ha permitido aumentar la información en la población acerca del Trastorno de espectro autista (TEA) , más profesionales tanto en el área de la salud como en educación , se han formado en la detección temprana  poniendo especial cuidado en las señales de alerta y características propias de la condición . Esto sin duda ha mejorado no sólo el diagnóstico (el cual es probable que se reciba a la edad de 2 a 3 años), sino también la intervención en base a la mejora en los apoyos para el incremento en la calidad de vida de las personas en el espectro del Autismo.

En el área de intervención educativa para personas con TEA el sistema educativo ofrece oportunidades diversas que permiten el acceso al sistema de educación tanto regular como especial, pero muchas veces esta oportunidad sólo se centra en acceder, lo que no necesariamente significa participar desde la singularidad de cada uno/a  y aportar desde esa diversidad que tanto enriquece, sino que muy por el contrario , la escolarización de las personas con TEA , tanto en la educación regular como especial , parece ser un “problema” del que pocos/as se hacen cargo.

¿Qué nos pasa a los/las profesores? ¿Por qué nos demostramos impávidos ante un estilo de percibir el mundo distinto? ¿nos falta información y formación? Lo cierto es que asumir que una persona con TEA en mi aula no requiere de apoyos y que basta con ofrecer la oportunidad para que aquellos estudiantes se “nutran” en el ámbito de las relaciones sociales por pertenecer a un grupo, en el cual no están  necesariamente incluidos (as)  es al parecer, una constante que muy poco ayuda a prosperar tanto el currículum como en la relación con los demás.

Para entrar en materia ¿Cómo podemos avanzar hacia un aula realmente inclusiva? Fuera del acceso antes mencionado, se sugiere ampliar la mirada referente a los apoyos. Una alternativa para comenzar sería enriquecer el modelo tradicional creando aulas más empáticas y receptivas con la diversidad en todas sus expresiones, en términos concretos podemos repensar la organización física de ellas, la que en sí misma nos habla de una uniformidad e invita a un desempeño individual que no promueve la interacción ni las instancias colaborativas entre estudiantes. Proponemos la creación de rincones o espacios simples y sencillos que no impliquen mayor intervención que reorganizar el mobiliario existente y dotarlo de algunos apoyos visuales para entregar información accesible a todos (as) sobre lo que se espera ocurra en ellos. Otra alternativa es crear un entorno para el descanso, otro para la calma y otro para el uso provechoso del tiempo libre dentro del aula en el que se dispongan distintos elementos o recursos para la entretención que sean compatibles con las actividades que se desarrollan en paralelo.

Otra invitación a considerar para avanzar hacia un aula inclusiva  es reorientar la forma en cómo entendemos los objetivos de aprendizaje que se plasman en nuestro currículum nacional. Si continuamos enfocados sólo en evaluar y observar el desempeño de nuestros estudiantes en base a  los contenidos , es decir, a los conceptos, procesos, procedimientos y comprensión, apuntamos  nuevamente hacia un modelo que pretende unificar y que no comprende el valor de la diferencia, la invitación es a abrir espacio para observar las habilidades y   dar  gran  importancia a  las actitudes, entendidas como  la disposición frente los objetos, las ideas o las personas, mediante el desarrollo de las actitudes podemos encontrarnos y ser competentes  todos y todas sin exclusión. Esta idea cobra especial fuerza en el escenario actual en el que la educación socioemocional y el concepto de bienestar ganan terreno día a día. Proponemos destinar tiempo a incorporar en nuestras rutinas de clases actividades que tengan como propósito potenciar estas actitudes que mejorarán el clima emocional promoviendo estados de mayor bienestar y armonía.

 

Por último, queremos plantearles el desafío de concebir nuestras aulas como espacios facilitadores de bienestar  y  armonía para todos nuestros estudiantes,  esa es la meta que debemos perseguir y que nos permitirá ampliar nuestra mirada y  así ofrecer a nuestros estudiantes oportunidades para que cada uno pueda brillar y desarrollar al máximo todo su potencial, un sueño  absolutamente… ¡posible de lograr!.

María Ignacia Riquelme Katz, Educadora Diferencial, mención problemas de aprendizaje -Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación- (UMCE)

Magíster en Ciencias de la Educación mención Currículum y evaluación -Universidad de Los Lagos-(ULA)

Experta Universitaria en Autismo y otros Trastornos generalizados del desarrollo- Málaga España.

Co-fundadora Centro de Apoyo a la Inclusión Volantín Azul-Puerto Montt-Chile.

Asesora Educativa en Educación 360°.

Sol Millaly Mansilla Álvarez, Educadora Diferencial mención Discapacidad Intelectual, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV)

Magíster en necesidades educativas múltiples Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación- (UMCE).

Co-fundadora Centro de Apoyo a la Inclusión Volantín Azul-Puerto Montt.

Asesora Educativa en Educación 360°.

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