Desde la Evaluación Formativa a la Formadora
Viernes, 19 Junio 2015 15:01

Desde la Evaluación Formativa a la Formadora

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El enfoque de evaluación para el aprendizaje plantea un énfasis en la intencionalidad

formativa centrándose en la información referida a los procesos de aprendizaje que se desarrolla en el aula, focalizándose en los ajustes al sistema de enseñanza que pueda realizar el docente. Pero también se debe relevar la intencionalidad formadora de este enfoque que se centra en las mejoras relativas a los sujetos en formación. Se plantea que fue en Quebec, con G. Scallon en 1982, que se asocio a la palabra evaluación la palabra “formadora”, para distinguirla de la “evaluación formativa”, poniendo el acento no sólo en los procesos de enseñanza sino también en toda la intencionalidad educativa.

 

Uno de los objetivos de una Evaluación con intencionalidad formadora es conseguir que surja del propio estudiante (autoevaluación) y que sostenga el autoaprendizaje, por ello se requiere avanzar en la distinción de una evaluación de tipo formativa y una con sentido formadora. Existe  claridad sobre la diferencia entre la evaluación sumativa y formativa, la primera orienta  la toma de decisiones respecto a la certificación o calificación valorando productos o resultados; la segunda orienta el ajuste del proceso de enseñanza aprendizaje en su desarrollo. Pero aún se requiere clarificar la distinción entre evaluación con finalidad formativa y evaluación con finalidad formadora.

 

Diferencias entre evaluación formativa y evaluación formadora

La evaluación formativa surge de la iniciativa docente, centrándose en la intervención del profesor, quien solicita y recoge la información que requiere; en cambio, la evaluación formadora surge en el propio estudiante, es una iniciativa personal que conlleva el autoaprendizaje; puesto que la sola actuación del docente no garantiza el aprendizaje, sino que su actuación es solo facilitadora, en cambio el autoaprendizaje lleva implícito en su concepción la consecución del mismo.

 

El aprendizaje se puede desarrollar porque es una necesidad que surge del sujeto, de la reflexión y valoración que realiza el sujeto de sí mismo, al ser positiva garantiza que impulse y motive el aprendizaje, situación que no sucede siempre cuando es externa al sujeto. La evaluación formadora surge de una necesidad sentida por el sujeto.

 

Przemycki(1991) se refiere a la evaluación formadora tomando en consideración la reflexión sobre los propios errores. De este modo, el error es el punto de partida de un proceso de autoaprendizaje. Es el propio sujeto quien valora y juzga sus aciertos y desaciertos en el proceso de aprendizaje, mejora en sus resultados y habilidades cognitivas.

 

Las distinciones entre una evaluación formativa y una evaluación formadora, se centra en el protagonismo de los estudiantes, en las habilidades, conocimientos y actitudes que se desarrollan en ellos, que facilitan una disposición activa, reflexiva y consciente de los procesos de aprendizaje y evaluación que se desarrollan en la sala de clases, junto a un rol facilitador y orientador del docente.

 

Sanmartí (1996), describe los procesos que los estudiantes deben ser capaces de realizar en contexto de aprendizaje, bajo una intencionalidad formadora de la evaluación:

  • Identificar los propósitos y objetivos de las actividades de aprendizaje, es decir, responder a cuestiones como ¿por qué hay que realizar esta actividad?, ¿qué se quiere conseguir? En general, al iniciar un tema o actividad, los profesores dan a conocer a sus estudiantes los objetivos que desean lograr, pero observamos que pocas veces resultan ser significativos para los estudiantes, ya que se plantean desde la lógica del experto. Por ejemplo, cuando el profesor comienza recién a hablar de un tema, es probable que los estudiantes no logren captar el sentido de lo que se persigue, porque se hace con un lenguaje que aún no les es familiar.
  • Anticipar y planificar las operaciones necesarias para realizar la actividad, esto es, responder a cuestiones como ¿qué estrategias adoptar para resolver la situación planteada?, ¿cuál de las estrategias es la más apropiada para realizar la tarea propuesta?, ¿qué conocimientos son necesarios?.
  • Identificar los criterios de evaluación, es decir, responder a preguntas como ¿realizó las operaciones como  las habías planificado?, ¿los resultados obtenidos son los esperados?, ¿qué debiera cambiar y por qué?. Este aspecto es difícil de lograr, pues en la mayoría de los casos, los criterios de evaluación son más implícitos que explícitos y hay que tener absoluta claridad respecto de los contenidos que se van a evaluar y las posibles dificultades de su aplicación.

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